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viernes, 27 de septiembre de 2013

Una curiosidad no muy curiosa...

¿Quién me iba a decir que me gustaría la cerveza? Me formulo esa pregunta, mínimo, una vez al mes. Cuando no era más que un adolescente mi paladar rechazaba por completo el sabor del hoy amado líquido. De hecho, me regañaba al más puro estilo Fary (El Señor le tenga en la gloria). Era algo insoportable, me preguntaba cómo alguien podía si quiera probar dicha bebida. Pasó el tiempo, inexorable como solo él puede ser, dejando un rastro de botellas de diferentes bebidas, cada cual peor que la anterior. No obstante, cuando se salía era lo que había. Además gozaban con la popularidad de la manada ¿Qué cabría esperar de una bebida tan simple como la cerveza? ¿Beber la bebida de nuestros padres? ¿La que bebían y beben viendo fútbol? No, era de locos... La cerveza era a nuestros ojos una bebida floja, barata y que no merecía ni laureles ni atención.  
Foto tomada en estas vacaciones, I ruta de la tapa Morro Jable - Solana Matorral

Morro Jable, Vacaciones.
Con el relatado panorama la cosa no pintaba muy bien para la cerveza ¿Verdad? Nada más lejos de la realidad. Cansado prematuramente de las discotecas, de las salidas vacías y de la exaltación personal mediante el calco humano. No gustaba de escuchar la "música" que sonaba en dichos locales, no gustaba de beber la bebida que se bebía en el pre y durante discotequero. De hecho, no solo no gustaba la cerveza, sino que tampoco gustaban aceitunas, queso, jamón serrano, Etc... 

Un sábado como otro cualquiera en cualquiera de nuestras maravillosas islas, me encontraba en Playa de las mujeres, Gran Canaria. La temperatura era la típica de verano, 30, 32 grados ¿Quién sabe? El cielo despejado y un grupo de amigos (Entre ellos y no conmigo) que rondaban la media de edad comprendida entre los 25 y 30 años. Tenían un balde color azul, hielo y muchas cervezas dentro. Para concretar aun más, Tropicales de botellín. Los botellines sudaban al Sol, la arena oscura y el mar azul como el despejado cielo hacían del botellín algo mágico. Además se les veía disfrutar a cada sorbo, con cada brindis, en cada foto. Todos ellos tenían algo en común, una cerveza en una mano y el momento en la otra.

Sin esperarlo, uno de ellos se levantó y me trajo uno de esos botellines (Incluso creo que eran de color marrón) ya abiertos (En aquel entonces no eran de abre fácil). No pude decir, no me gusta la cerveza y simplemente, tras agradecer el gesto, lo cogí. La sensación que sentí en mi estómago mientras caía la cerveza en este era indescriptible. Un frescor, un bienestar... Soberbio, sublime e inenarrable. Ese día no pude dejar de pensar en la sensación que me invadió al beber el botellín, no pude dejar de pensar en que, gracias a aquel muchacho, había experimentado una de las mejores sensaciones de mi vida.

Hoy, disfruto de muchos de esos momentos, de la cerveza, del jamón serrano, aceitunas, queso... Disfruto de las cervecerías, de la música que ponen, de la compañía de l@s amig@s y todo lo que ello conlleva . Con un Oktoberfest muniqués a mi espalda y tras muchos brindis y momentos "Pa' Las Birras", puedo decir y digo, que la cerveza ha sido uno de los mayores y mejores inventos de la humanidad. Si antes no la disfrutaba era porque no la bebía en la compañía adecuada ni en el momento oportuno. Mi paladar, al igual que yo, no había madurado para comprender lo que significaba el dorado manjar. Hoy tenemos este rincón de culto que es www.palasbirras.com ,  dedicado por completo a la búsqueda de esos momentos tan maravillosos que nos brinda la cerveza. 

En cualquier caso, feliz comienzo de fin de semana. Salud y aquí una curiosidad no muy curiosa. 


En el apartamento, disfrutándolas en la piscinita.

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