Su Publicidad Aquí

sábado, 2 de agosto de 2014

Portugal, entre la cerveza y el vino

Por Lilian Verona, socia y redactora
 de Pa' Las Birras Canarias

Portugal es, sin duda, país de buenos bebedores. Cerveza, vino, sangría, whisky... no importa. Dales algo que tenga alcohol y ellos lo beberán gustosamente.

El destino quiso que pasara mi Erasmus allí, en el norte de Portugal, en una pequeña localidad llamada Santa María da Feira situada a unos 30 km de la hermosa ciudad de Oporto, conocida mundialmente por sus vinos.

Como recurso turístico en Santa María da Feira, un castillo militar de la época medieval, orgullo de la ciudad, y un festival medieval, Viagem Medieval em Terras de Santa María, la mayor recreación del medievo en la Península Ibérica y una de las mayores de Europa, atrayendo a turistas de todo el país y resto de Europa. 


¿A dónde he ido a parar? me dije. Una pequeña ciudad, con pésimas conexiones de transporte, rodeada de campo, sin prácticamente nada de ocio en los alrededores, sin coche...


La sorpresa llegó con la primera fiesta universitaria y, señores, esa gente sabe como divertirse. Allí sino te gusta el vino y la cerveza eres un ser extraño. ¿Y la cerveza reina? La Superbock. 

Su gran competidora, la Sagres, patrocinadora de la Liga de Fútbol Portuguesa es como esa hermana mayor que intenta destacar por encima de su hermana menor que es mejor en todo. A pesar de su despliegue publicitario, sus flamantes anuncios y su precio inferior, la Sagres no consigue pisarle los talones a la Superbock en cuanto a seguidores se refiere. Y es que en un país con tanta tradición bebedora, la exigencia es muy alta. 

En prácticamente todos los locales encuentras grifos de Superbock y si no, siempre habrá en botella. Comercializan 7 tipos: Superbock Original (Lager Ganadora de 30 medallas de oro consecuitvas en el prestigioso concurso Monde Sélection); Superbock Green (cerveza con zumo de limón); Superbock Classic (con más lúpulo); Superbock Abadia (con ligero toque a caramelo, sin duda, mi preferida); Superbock Stout (su cerveza negra, entre lo amargo y lo dulce). Por otra parte, posee dos variedades de cerveza sin alcohol, la Superbock Original s/Álcool y la Superbock Preta (negra) s/Álcool.

Las únicas variedades que podremos encontrar de grifo son la Superbock Original y la Superbock Stout. El resto en botellas o latas, dependiendo de la variedad. A la hora de comprar, la Original en este caso, la gente suele optar por su variente "mini" bastante bien de precio (allí el alcohol es más caro que en Canarias) y cuyo pack de 24 minis de 20 cl nos saldría sobre los 12€. (Foto)

Los portugueses beben, y mucho. En una cena entre amigos es prácticamente imposible no ver varias botellas de vino sobre la mesa. Tinto, blanco, verde... El vino es religión en una cena, en una reunión familiar pero la cerveza es esa compañera a la que nunca le puedes decir que no y a la que le toleras todo. En los asaderos, fiestas, etc, los finos (cañas) y los barriles corren a raudales.

En la vida universitaria portuguesa, como en todos los países, el alcohol y su consumo es digamos... considerable, pero posee un matiz diferente, que se irá entendiendo a lo largo del reportaje. La vida universitaria está basada en la entrega académica, tu entrega a la institución universitaria que te acoge, y esto lo reflejan las praxes (novatadas) y sus doutores. Estas novatadas no es lo que se conoce que ocurre en España en los colegios mayores. En Portugal es un ritual, no existe la humillación de por medio, son momentos en los que te lo pasas bien, aunque te estén ordenando meter tus manos en un potingue de barro. Todos los antiguos alumnos coinciden en que volverían a repetir su etapa de caloiro. Los doutores van vestidos de negro, traje para los chicos, y falda para las chicas. Nada de piercings, pendientes, uñas pintadas o maquillaje, al natural. Así se respeta la igualdad entre todos los alumnos. Y para rematar, la capa. Algunos la llevan totalmente negra, otros prefieren decorarla con emblemas de diferentes tipos (la bandera de tu país, tu equipo de fútbol, tu grupo de música favorito...).

Cuando quieres ingresar en una universidad tienes dos opciones: permanecer ajeno a la vida académica o integrarte. Si te integras y quieres formar parte de ese selecto grupo de doctores tendrás que pasar por una
fase, la fase de "Caloiro", el estudiante novato. En esta fase, al menos en mi universidad, pasabas la primera semana de clase en la que, curiosamente, no había clase, siendo presa de los doutores. Las novatadas, como cargar cajas, dejarte pintar la cara, jugar a juegos un tanto infantiles, etc, eran parte del juego. A cada "caloiro" se le asigna un padrino, un doutor, que no es más que un alumno ya en su segundo año o superior que en su día también fue caloiro. Este, te guía durante tu primer año en lo que necesites y además, será el encargado de bautizarte en una bonita ceremonia, en una fuente de la ciudad. Una vez aquí, solo queda un paso para completar tu fase de caloiro, entregarte a ellos. 3 de tus dedos, y un trozo de cabello y comenzarás a formar parte de su círculo. Yo me libré de las praxes, pero no de un buen tajo en mi cabello.

A partir de aquí es "sencillo", dejarte praxar cada "jueves negro" (los doutores acuden con sus trajes académicos tanto a clase como a las fiestas) y acudir a las fiestas académicas. Allí se le sellará a los caloiros un carnet, y cuanto más sellos, más derechos tienes a ser trajado en la ceremonia culmen de la vida académica, la Queima das Fitas. 


La Queima das Fitas es una festividad académica que dura alrededor de una semana. Conciertos, fiestas... una semana que el estudiante espera durante todo el año. Se destacan dos acontecimientos: la Imposição das Insignias, donde los padrinos queman las insignias hechas con cinta, con los colores de cada facultad y se la colocan a sus ahijados como símbolo del final de la vida académica; y por otra parte, el Cortejo, en la que cada facultad, a cargo de un carro, "compite" con el resto de facultades, en este caso, tirándose agua. Los "fitados", es decir, los alumnos del último, año van subidos al carro mientras los caloiros y demás alumnos van alrededor del carro defendiendo su fuerte.

En Portugal, la vida académica es sinónimo de orgullo. Los años que pasas en la universidad no son sólo años de estudio, de asignaturas pesadas y exámenes. Son años en los que forjas lazos, creas amistades que duran para el resto de tu vida. Un estudiante portugués nunca deja de estar vinculado a su universidad. Lo veía semana tras semana como alumnos que ya hacía años que habían acabado sus estudios, muchos ya con familia, seguían asistiendo a las fiestas y cenas, momentos que servían de reencuentro y recordatorio de aquellos maravillosos años vividos. Y el alcohol, como no, es parte de ello. Beber es una ceremonia que se realiza en todo el mundo. Bodas, cumpleaños, ascensos laborales... cualquier celebración que se precie tiene de por medio, como mínimo, una cerveza. Las fiestas, la cerveza, el vino, la sangría... los unía y los reunía. Su camaradería no podría expresarla con palabras, su devoción y orgullo por su vida académica, las amistades que se llegaron a forjar... Todo me produce una tremenda envidia.

A la hora de salir había algunos locales donde elegir, pero volviendo a lo nuestro, la cerveza, qué mejor que una cervecería. En el tiempo que estuve sólo tuve la oportunidad de conocer una cervecería en la ciudad en la que me encontraba. Decorada como si de un barco de la era conquistadora portuguesa se tratara, Lusitano Bar era los fines de semana el punto de reunión para todo aquel amante de la cerveza y la buena música. Música alternativa, rock, chill out, un lugar diferente para escapar de la música comercial. En lo que a cerveza se refiere, podías encontrarte desde una Estrella Damm, pasando por una Superbock Abadía, o una Guinness. Más de 20 tipos de cerveza diferente donde elegir según el gusto del consumidor. Lo mejor sin duda, motivo de mi conquista personal, fue la Erdinger de barril, y por un precio bastante aceptable, 2'50€.

Viajar abre nuestra mente. En mi caso, experimentar la independencia por primera vez me ayudó a crecer, a ver las cosas desde otra perspectiva. Portugal me acogió con los brazos abiertos. Cualquier leyenda urbana sobre el país o sus habitantes es simplemente eso, leyenda. Personas amables, entregadas, divertidas y siempre con una sonrisa en la boca. Todas y cada una de las personas que conocía en mi estancia, cada uno de los nuevos sabores que probé, cada nuevo olor que olí, cuando nuevo lugar que visité convirtieron mi Erasmus en una experiencia que no olvidaré jamás. Que vuelvo, es seguro, y con todo el que pueda detrás de mí. Mis amigos, mi familia, merecen conocer ese maravilloso país que me enamoró y al que hoy día, estoy deseando volver.

À todos os meus amigos portugueses, obrigada por fazer a minha experiencia uma coisa unica e irrepetivel. Um fino à vossa saúde, até já!






No hay comentarios:

Publicar un comentario