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lunes, 9 de febrero de 2015

Visitamos Gara

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El pasado viernes 6 de febrero de 2015 a eso de las 7:30 despegaba el avión de la aerolínea Binter que nos llevaría a la preciosa isla de La Palma. Una vez en el aire, y mientras mirábamos por la ventana, afianzamos nuestra opinión de que vivimos en un paraíso sin igual; a nuestra izquierda el majestuoso Teide nevado, erigiéndose como inmortal guardián de nuestro pequeño edén. En cuanto llegamos a la verde isla nos pusimos en contacto con Orlando, artifice de Gara, para visitar su centro de producción. En el largo camino que tuvimos desde Los Cancajos hasta Llanos de Aridane hablamos de cerveza en general y la suya en particular, las dificultades con las que se encuentra a la hora de poder trabajar, el infierno que vive gracias a los innumerables escalones que le ponen desde la misma administración. ¿Por qué no ayudar, potenciar y dar a conocer un producto que puede poner en alza el nombre de su tierra? Es muy triste que una cerveza que porta el nombre de Gara, que en la mitología aborigen es atribuido a la pureza y que la Cervecera en claro guiño a su historia, haciendo referencia a las magníficas propiedades del agua tan pura que hay en La Palma, no reciba ayudas o en su defecto un camino llano sin decenas de escalones creados por los mismos que deberían crear facilidades para su pueblo.

Otra de las facetas tristes que nos comentaba Orlando es que el 75% de su producción va fuera de La Palma, no por deseo propio, que va, porque el hostelero prefiere invertir su dinero en productos foráneos de peor calidad y con un precio muy similar al de su producto. Hay que tener en cuenta que Gara les cuesta 0,10€ más con respecto a cualquier Estrella o cerveza foránea, y aun así, muchos prefieren pedir cervezas a distribuidores que muchas veces les fallan con el tema del stock, etc. Nosotros somos partidarios de que se busque la calidad de igual manera o al mismo nivel que la canariedad. Si lo que se va a traer supera al producto local, adelante. Si lo que se va a traer no supera al producto local y además la diferencia de costo es mínima, mal, muy mal. Hay que apoyar lo nuestro, no podemos quejarnos de los políticos cuando nosotros hacemos lo mismo, dar la espalda o poner pegas a todo lo que se intenta hacer desde casa.

Lo que nos quedó claro mientras llegábamos a la fábrica es que es durísimo poder sobrevivir con tanto impuesto y tan poco apoyo, con tantos escalones y sin barandilla, escalones que aumentan de tamaño según les apetezca. Orlando, que toda la vida se ha dedicado a la hostelería, más de 22 años como director de hoteles, etc... Lucha cada día para poder crear un producto de calidad, un producto que sea seña de identidad de su tierra, un producto que represente dignamente a nuestro archipiélago.
Almacén de Maltas.
Cuando llegamos a Gara y la observamos desde fuera vislumbramos un lugar acogedor. No arrojaba una imagen de mole glamurosa, con carteles por todos lados y eslóganes cutres acompañándoles, para nada. Gara encajaría con el medio palmense de hace 30 años, y 40 incluso. La maquinaria antigua, y en muy buen estado, es mimada por Orlando y sus empleados a diario. Mientras entrábamos Orlando nos comentaba que había tenido un final de año muy movido en el que no había parado de producir y vender cerveza quedándose al mínimo de existencias en almacén. Eso por un lado era algo positivo, por el otro, muy negativo ya que había estado casi un mes sin poder elaborar por problemas técnicos que había tenido en la fábrica. Lo bueno de esta experiencia que vivió es que llegó a la conclusión de que hay que hacer las cosas con más criterio, vender cuando se deba vender y producir cuando se deba producir, sin forzar la máquina y sin hacer las cosas precipitadamente.

El primer lugar que visitamos de Gara fue el almacén donde guardaban las maltas. Nos sorprendió gratamente ver que las conservaban en lugar fresco, un lugar que evita el deterioro y nacimiento de gorgojos, enemigos potenciales de los vegetales y cereales. Mantienen el cereal a temperaturas de entre 16º y 18º con humedad que oscila entre el 14% y 17%. Pocas veces hemos visto que alguien se preocupe por cuidar las materias primas y la verdad que este hecho nos agradó de sobremanera. Al igual que ver los rigurosos controles que lleva en la limpieza y desinfección del material que utiliza para elaborar, madurar y posterior envasado.

Al salir del almacén observamos como los dos operarios que en ese momento se encontraban en la micro etiquetaban y organizaban los lotes para su posterior maduración.

Pasamos a la sala de cocción; Maquinaría de R.Checa de acero inoxidable revestida de cobre y madera con capacidad de 1.500 litros y potencia de 55W. Ingeniería de los años sesenta, antigua y efectiva, con aires románticos de añoranza para los cerveceros. Lo primero que pensamos al ver esta maquinaría fue en belleza total y absoluta. Lo segundo, ¿Funcionará esto todo correctamente? La respuesta a esta pregunta la encontrarán dentro de las botellas de Gara y Negra Tomasa.

De la sala de cocción a los múltiples fermentadores; siete de 2.500 litros y 3 de 1.000 litros. Todo en circuito isobárico. De los fermentadores pasamos a la embotelladora la cual llena las botellas de cerveza para su posterior chapado. De un proceso a otro pasan pocos segundos. Tras chapar las botellas estas son etiquetadas y pasan a hacer el proceso de maduración en frío.

Lo que nos queda claro es que si algo funciona... ¿Pa' qué cambiarlo? 

En Gara vivimos una experiencia irrepetible y todo ello gracias a Orlando quien nos dispensó un trato cercano, sincero y sin reservas. Nos enseñó todas las virtudes y carencias de la fábrica, sus materias primas, sus dificultades y puntos a mejorar a corto plazo. Además terminamos la visita con una degustación de sus cervezas, brindando y compartiendo anécdotas y opiniones. Una experiencia que recomendamos a todos los que tengan oportunidad de acercarse hasta la fábrica. Sin más agradecer la atención y el cariño. ¡Hasta la próxima Gara! 

Pd. Volveremos sin lugar a dudas.

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