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lunes, 3 de agosto de 2015

Al Margen de La Ley (Sr. Lúpulo)



A todos los que elaboramos cerveza nos ha pasado. Has hecho dos o tres lotes con tu  equipo de iniciación, has obtenido resultados asombrosamente buenos, pero muy mejorables, y llega el momento. Algún fusible se nos funde, y en lugar de  perfeccionar el equipo, repasar el protocolo de limpieza, decidimos que somos más listos que nadie, y que vamos a inventar la cojoceerveza añadiendo algún ingrediente inverosímil que nos va a proporcionar la cerveza definitiva. Es en ese momento cuando decidimos vivir al margen de la ley…..de pureza alemana.
Entre pocos y muy pocos son los casos de éxito comercial de cervezas que incluyan algún ingrediente a parte de los archiconocidos agua, malta, lúpulo y  levadura, pero eso al contrario de desanimarnos, despierta en nosotros la necesidad de inventar la cuadratura del círculo, de descubrir ese ingrediente que a nadie se le ha ocurrido y que puede ser el santo grial y que va a catapultar nuestra aún raquítica carrera cervecera hasta el Olimpo de la Garimba.
El objetivo de esta entrada es tratar de analizar que pasa por nuestras cabezas cuando decidimos cruzar la frontera de la “legalidad” cervecera y nos decidimos a añadir las cosas más raras a nuestras elaboraciones. Para ello agruparemos las ideas felices en familias.

*Soy descendiente de un piquero que sirvió en los Tercios Viejos de Flandes a las órdenes de D. Juan de Austria.
Tu tatara-tatara-tatara abuelo estuvo en Flandes sirviendo en los tercios viejos, y durante su servicio se impregno del espíritu tradicional de hacer cerveza en Bélgica. Gracias a tus conocimientos de genética sabes que tus cromosomas portan esa información,  y ahora que sabes fermentar, te está llegando la inspiración de hacer una cerveza de frutas.
 Posiblemente ni siquiera has probado una Lambic, pero a tu pareja le gusta la Mort Subite y tú sientes la obligación moral de demostrarle que eres capaz de superarla. Que coño, a tu cerveza ha quedado mejor que las de marca blanca de la gran superficie. Empiezas a buscar cerezas como un loco, y te das cuenta que solo hay a finales de junio y a precio de oro y estas en febrero…y ahora??? Pues será por frutas. La imaginación vuela, te vas a la tienda de congelados y pillas frambuesas o moras, total, son rojas igual que la cereza; o dices y por qué no manzana? Y en ese momento caes en que  el olor a manzana es un defecto. Al final le metes una piña de lata y te entra la duda: como hago? La trituro? Piensas un segundo y dices….pues claro para que pase mejor el sabor. El resultado final es algo parecido a la Fanta de piña pero muy turbio y amargo, prácticamente imbebible, y que prefieres mantener en secreto.
En Canarias suele coincidir con algún antepasado Bábaro, por lo que el sentimiento de copiar el conocido olor a plátano de la Weissbier añadiéndolo a la cerveza es absolutamente  incontrolable. Los resultados serán parecidos.

*Aproveche el último acueducto y me di una escapada a Bélgica
A diferencia del anterior, más que una inspiración, es un fijarse en lo que hacen otros y decir, pues yo también. Has aprovechado tu escapada a Bélgica para catar las grandes cervezas belgas como la Hoegaarden. En ese momento nace la necesidad de añadir matices de naranja, clavo y cilantro a todo. También está la versión cutre, que lo que ha probado es una Shandy de Cruzcampo y lo que busca es la forma de echarle limón. Mi recomendación para estos últimos es ir al súper, comprar cerveza barata y un refresco de limón, y mezclarlos en igual proporción. Es mucho más fácil y quedarán muy satisfecho con el resultado.

*Los matices de los estilos no son para mi
Este fenómeno se da sobre todo entre los amantes de las stout. Te gusta la Guinness, pero tu quieres ser más listo que Arthur Guinness, y hacer la stout definitiva, con un sabor a café y/o chocolate intenso. El razonamiento es inmediato y como no, te dispones a echar ambos ingredientes. El resultado suele ser más parecido a un frappuccino amargo que a una sout.
Has sido víctima de la poesía de la cata. Has pensado que lo que pone en las notas de cata es dogma. Que una cerveza tenga notas a café no significa que deba saber como un expreso.
Una variante extrema suele ser los que quieren potenciar los sabores maltosos, y se les ocurren cosas tan ingeniosas como añadir bizcochones, bizcocho de soletilla y cosas así.

*Vi en Discovery la serie “El rey de la cerveza”
Desconozco si todos los lectores la vieron, por lo que voy a explicar brevemente la temática. Había una serie de documentales sobre Sam Calagione, fundador de Dog Fish Head, en los cuales se dedicaba a tirar miles de litros de cerveza de su fábrica porque decía que tenía errores y a elaborar cerveza con colegas de todo el mundo añadiendo plantas y especies que no había visto ni escuchado en mi vida.
Es muy fuerte la tentación de ser el nuevo Sam Calagione. El primer paso es buscar a nuestro alrededor que especie, hierba aromática o lo que sea, no habrán visto los americanos. Lo primero que se nos ocurre es Romero, Tomillo… cualquier hierba aromática habitual en nuestras cocina. Cuanto más aromática mejor. Vamos a hacer una cerveza con matices mediterráneos (otra vez las notas de cata nos juegan una mala pasada). Pero esto no ha hecho más que empezar. Luego nos vamos a dar un paseo por el mercado, en particular a la tienda de especias, aquí valoramos el jengibre, la canela, la vainilla y cosas así. Si estrujando el cerebro un poco más nos vamos a mieles, pimientas, etc... en general ingredientes locales y aromáticos que harán nuestra cerveza exclusiva a nivel mundial. En este momento el nivel de delirio es preocupante. Nos hemos venido arriba del todo. Ya no solo pensamos en montar una micro. Pensamos en exportar a todo el mundo, y hacer temblar a los CEOs de las grandes compañías cerveceras.
A mí por aquí sí que no me ha dado, pero no me veo tomando una cerveza con sabor a romero. Que quieren que les diga.


*Me gustan los sitios raros
En este último grupo metemos a aquellos que si que cumplen la ley, pero elaboran en sitios raros. También los hay radicales, que si además de rizar el rizo con los ingredientes, les gusta innovar en la localización. Debe ser como el sexo. Hay a quien le gusta hacerlo por ahí, en sitios inverosímiles. Para ello se van a la playa, a la montaña, a casa de un colega, e incluso debajo del mar.(se dan cuenta que los sitios coinciden) Buscan que la levadura trabaje diferente en un ambiente diferente y fabrique un éster que proporcione un matiz que nadie tiene. Dudo mucho que salga el famoso éster, y aunque salga dudo mucho que compense andar con todos los trastos de aquí para allá.
Esta claro que ser cervecero casero tiene la ventaja de que podemos hacer lo que nos apetezca. No rendimos cuentas a nadie salvo a nosotros mismos. No hay más obligaciones que disfrutar elaborado y tomándonos el resultado de nuestro trabajo. Pero hemos de reconocer que en determinados momentos nos colamos, nos venimos arriba porque necesitamos ser los que más molan en el mundillo cervecero, y hemos de reconocer que el resultado no es el esperado. Pero que diablos, nos lo hemos pasado genial, y ahora haciendo memoria gracias al artículo, nos podemos  reír un rato.
No obstante, mi recomendación es meternos en estos berenjenales de forma moderada, y tratar de mejorar perfeccionando el equipo y los protocolos de limpieza, lo que si nos proporcionará muchas satisfacciones.

Sr. Lúpulo.

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